Cielos rojos



La esfera azul se transforma en roja, esperando que el cielo se desgarre y nos alcance con profundas heridas, originando asombro y  en comunión  con la naturaleza.


Gallinas



Blanco, negro, marrón gris, rojo, la genética de cada una va marcando sus colores.


Álamo


El álamo desnudo con su corteza gris, mortecina,  destaca sobre el cielo azul y blanco,  junto a la alegría de los colores de la paleta chumbera, verde, rojo, amarillo y anaranjado.


La chimenea


La chimenea mezcla el gris del hollín con la blancura de la cal. El  paso del tiempo ha dado lugar a un blanco mortecino, sucio, contrastado con el rojo del  “terrao”  y el verde de las chumberas.


Las plantas


Las plantas se arrullan en los “terraos”  de tierra de las cuevas y se acompasan con su colorido junto a ellos, haciéndose un hueco en la paleta de color  aérea.

La claridad asoma


 por el este y avanza. Difumina a lo lejos el paisaje mezclándose con los tonos marrones de la sierra.

La luz de la tarde


La luz de la tarde cambia. Cada una es distinta. Puede pintar sombría. Esa sombra te retrae al interior y mirar las miserias, flaquezas, las condiciones de la vida, sus debilidades y defectos.

Los “terraos”,


impregnados de los coloridos rayos luminosos aportan policromía, pintando un paisaje multicolor, destacando sobre los naranjos y la Sierra de Gádor del  fondo.